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14 de julio de 2020

PUBLICACIÓN DE "DON NADIE"

¡Objetivo conseguido! Clap clap [Aplausos]. Por fin he podido cumplir el sueño de publicar una novela, que era un objetivo vital que me había marcado hace ya un buen puñado de años. Y no veas cómo mola: recibes al repartidor de Amazon como si fuera Papá Noel, destrozas el paquete (en lo último que piensas es en desinfectarlo), tomas el libro para sobetearlo un poco y lo colocas en la estantería, junto a tus favoritos, para ver cómo queda. La verdad es que esa sensación es la rehostia. Solo por eso ya habría merecido la pena el sacrificio. Y eso que el libro era el de prueba, no el ejemplar definitivo. Por cierto, ya te contaré por Instagram si termino haciendo algo con el libro de prueba, pues se me ha ocurrido una idea: una especie de campaña de promo offline. Sí, aún conservo mi faceta analógica.

Ahora, que la novela se venda ya es otra historia. Bien es cierto que la previsión de ventas que había proyectado en un principio se ha quedado corta, quizás porque era algo discreta-tirando a conservadora. Sacando pecho, tengo que decir que la novela ha llegado a posicionarse eventualmente en el segundo puesto de la lista de más vendidos en la categoría de "Ficción de vacaciones", y en el cuarto en la de "Ficción sobre la vida urbana". Toda una proeza, aunque al final haya sido un poco flor de un día. Porque, a partir de ese momento (ni un día entero duró el efecto), cada vez que miro las listas de ventas el libro se va despeñando más y más abajo, como aquel episodio de Los Simpson en el que Homer se cae por un precipicio. No estaría mal que viniera Fernando Simón, el epidemiólogo, a declarar que "Don nadie no va a tener, como mucho, más allá de alguna venta aislada", o que "ha llegado al pico de la curva de ventas".

De todas formas, este asalto a los primeros puestos del ranking de ventas no deja de ser una circunstancia meramente anecdótica. Podría tener un tío rico (no es el caso) que comprase cinco mil copias de la novela, lo cual ayudaría mucho, por qué no decirlo, pero tampoco contribuiría a generar un éxito orgánico. En el fondo, lo que más me interesa en este aspecto es ver qué aceptación tiene el libro entre aquellos/as que lo han adquirido. Solo si la acogida es buena tendría alguna posibilidad de desbordar el dique de mi entorno y conseguir un mayor alcance. La auténtica onda expansiva se produciría en cuanto empezasen a comprar el libro perfectos desconocidos (por el factor que sea) y les gustase lo suficiente como para recomendarlo a su vez en sus entornos. Igual son cosas mías, pero dudo que de primeras un extraño me compre un libro (encima autoeditado) porque sí, porque yo lo valgo, sin tener ninguna referencia de peso a su alrededor que avale esa decisión.  

Por último, quiero agradecer sinceramente a todos los/las que habéis comprado el libro. Gracias, de corazón. También a los lectores cero que me habéis ayudado con vuestro feedback sobre las partes que os iba pasando (Mamiela, Purrum, Galia, Diego, Fred, Adriana, Eli, Mr. Rubenson, ...). A Galia por cederme un pedazo de su espacio para que pudiera escribir en un ambiente propicio y tranquilo, a Eli por ayudarme a modificar la portada del libro físico, y a mi madre, por estar ahí. Finalmente, no me quiero olvidar de todas aquellas personas que me han servido de inspiración para crear algunos de los personajes de la historia.

Sin más, aquí tienes la butaca de un servidor. Toma asiento y disfruta de la novela.




  

1 de marzo de 2020

LA MONTAÑA MÁGICA, DE THOMAS MANN

En esta entrega, te brindo mi opinión de lector medio acerca de esta obra:

La lectura de este tocho ha sido como la ascensión misma a esa imponente montaña; algunos tramos se me han hecho tan cuesta arriba que, en momentos puntuales, habría desistido buenamente de mi empeño dando media vuelta tan ricamente.

El autor ya te advierte de antemano (en sus “Intenciones”, previas a la narración) que va a contar la historia con excesiva minuciosidad. O sea, que te prepares para la que se te viene encima, chaval/a. Que sí, que recrearse profusamente en los detalles para vestir la narración queda fetén, da muestra de vasta erudición y tal, pero, en mi opinión, el autor peca de hacerlo en ciertos aspectos o materias que muchas veces no llevan a ninguna parte (como la biología, ¡y menos mal que apenas abre el melón de la botánica!), mientras que pasa por alto otras cuestiones referentes a la trama, tal vez de mayor interés y calado, dejando incluso algún cabo suelto.
Aparte de esos fragmentos tan técnicos en los que se pone en plan cientifista, hay pasajes en los que no he entendido ni papa. Fundamentalmente, abstractos y elevados debates intelectuales entre dos de los personajes, bien por las contradicciones dialécticas en que caen sus propios discursos o bien porque requieren de conocimientos sobre doctrinas filosóficas para que tales polémicas puedan ser netamente comprensibles, lo cual, para un lector medio, acaba resultando un tanto frustrante.

Por otro lado, los temas y asuntos que aborda la novela suelen ser significativos e interesantes, y la historia no deja de ser enigmática. También hay emotivos episodios cuyos trances llegan a conmover hasta sacarte la lagrimilla y otros que directamente ponen los pelos de punta.

Mi conclusión es que, si dispones de tiempo y paciencia, merece la pena echarse en la tumbona y emprender la aventura (de encumbrar y descender la montaña) que, simbólicamente, supone la lectura de este libro. ¡Hale, ánimo!